LOS NIÑOS NO SON ADULTOS CHIQUITOS

Las costumbres familiares cambian con cada generación. En unos casos mucho.  De ninguna manera traigo a colación estas reflexiones por nostalgia, sino porque considero que se cometen errores que redundarán en perjuicio de los que menos deben pagar los platos rotos. Me refiero a la educación de los hijos en los hogares.

Hoy es costumbre que los padres le ayuden y en muchos casos, les hagan las tareas a sus hijos. Casi siempre es la madre la encargada del tema. Parece que da orgullo que a los hijos les vaya bien en el colegio, así toque hacerles sus deberes mientras ellos chatean, hablan por celular, navegan en internet, ven televisión, juegan con sus amigos o simplemente descansan.

También se ha hecho costumbre, que los padres quieren ser amigos de sus hijos. Desearían ser sus mejores amigos y algunos de eso se jactan. Si bien es cierto que las brechas generacionales no son insalvables, es anormal que un niño tenga como mejor amigo a un adulto, sin importar si es su padre o su mamá. Los niños deben ser amigos de otros niños. Los padres debemos estar cerca, siempre atentos a ayudarlos, a colaborar a que ellos aprendan sus responsabilidades para la vida, pero dejándolos ser niños o jóvenes… Otra costumbre, sustentada en dudosas teorías psicológicas sobre el desarrollo infantil, es la de hablar con los niños de manera franca y clara, como se dice a “calzón quitado”. Se encuentra uno con desconcertados padres de familia tratando de entender t

emas difíciles para poder hablar sin rodeos con su hijito de 5 años…

El problema radica en que los padres están tratando a los niños como si ellos fueran adultos chiquitos. Apelan a las reglas de la lógica de los adultos para que sus niños entiendan que no deben

hacer regueros cuando consuman sus alimentos, o enmugrar sus vestidos mientras juegan en el patio. Se les olvida que los niños tienen un cerebro en crecimiento, una personalidad y una

 

inteligencia en formación y que su capacidad de comprender muchas cosas requiere procesos de maduración, tiempo y paciencia. Me imagino toda la claridad mental que le queda a un niño de,

digamos tres años, cuando le explican en detalle por qué debe vacunarse, rezar el padre nuestro o comer verduras frescas…

Los niños tienen una capacidad distinta a la de los adultos para entender, comprender y asimilar las cosas. Sus problemas tienen dimensiones completamente distintas a los de los adultos. Sus lógicas e ilaciones son muy diferentes. Dicho en otras palabras, hay que aprender a pensar como los niños para entenderlos y ayudarlos. Con nuestro apoyo deben aprender a construir autocontroles, pero son ellos los que deben hacerlo y poco a poco. Si los ayer niños y hoy jóvenes hacen

pataletas, se enojan y dejan de hablarles, se tornan rebeldes e insoportables, es porque sus padres ya casi que perdieron la oportunidad de ayudarles a construir los autocontroles que se necesitan para la vida adulta y en comunidad.

Para evitar dolores de cabeza, lo mejor es prevenir. Desde pequeños acompañarlos y apoyarlos, pero desde sus lógicas y formas propias de aprender, entender y ser en el mundo.

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