LA SALUD INTESTINAL

 

Un ser humano sano y normal debe tener deposiciones de buena consistencia después de cada comida del día, por lo general, dos o tres veces. La deposición debe salir fácilmente, sin esfuerzos, sin dolor y sin tardanza. Con una alimentación sana, las deposiciones casi no deben tener olor. Cuando nuestra alimentación es demasiado rica en azúcares, harinas y proteínas, se modifica la flora bacteriana normal del intestino, favoreciendo el desarrollo de una flora de putrefacción que es patógena y agresiva para el organismo por las toxinas que produce y contiene. Esto repercute en el estado general y si ya el organismo tiene enfermedades, las agrava, pues favorece la desorganización de varios sistemas, especialmente, el inmunitario. No tener deposiciones diarias es intoxicar lenta y gradualmente al organismo.

El estreñimiento es la evacuación retardada de materia fecal del intestino. La frecuencia poco a poco se reduce a una vez diaria y en ocasiones cada dos o más días. La deposición se vuelve seca, dura, de mal olor. Se puede producir dolor al evacuar y necesitar esfuerzo. Si un intestino presenta problemas en el tránsito puede depositar sus desechos tapizando sus paredes. Según Irons: “Estos depósitos fecales pueden alcanzar de 7 a 9 mm de espesor y adquirir la consistencia dura y cauchosa de un neumático. Estos desechos adheridos a las paredes del intestino le impedirían al organismo la absorción de alientos, vitaminas y sales minerales. Entonces, un problema intestinal crónico puede ser el origen de carencias nutricionales”.

El estreñimiento, por el estancamiento de las heces irrita al colon, produciendo inflamación, espasmos y acumulación de aire. Además, la alimentación con exceso de harinas, azúcares refinados, preservantes químicos, carne de cerdo, el bajo consumo de agua y la mala masticación ligada a comidas apresuradas, son responsables de producir materias intestinales ricas en productos mal digeridos, que desarrollan flora bacteriana agresiva, que genera toxinas, cólicos y gases nocivos. Ocurre una verdadera autointoxicación por el envenenamiento crónico debido a toxinas, desechos y gérmenes patógenos que proliferan en la materia intestinal estancada.

El colon o intestino grueso es la última parte del intestino. Su principal función es reabsorber agua con el fin de concentrar las materias fecales mientras las conduce a su evacuación. Es u

n mecanismo de precisión asombroso. Para que la deposición tenga consistencia normal, es preciso reabsorber un 86% del agua. Si se reabsorbe el 88%, la deposición es demasiado dura, y con un 82% la materia fecal es muy fluida. El colon está recubierto por una delgadísima capa de unas 20 a 25 milésimas de milímetro de espesor. Detrás de este revestimiento se encuentran los capilares sanguíneos y linfáticos. Es decir, las heces en el intestino están separadas de la sangre de los capilares por una membrana muy fina y frágil, que se renueva cada dos días.

La mayoría de los enfermos que padecen enfermedades crónicas degenerativas, presentan problemas intestinales de varios años de duración, mucho antes que se descubriese su enfermedad. El principal síntoma era el estreñimiento crónico, que llevaba a algunos a utilizar laxantes. Estos productos laxantes estimulan las membranas del intestino para obligarlas a funcionar aceleradamente lo que las irrita. Los laxantes entonces, producen una irritación que debilita al colon, y puede volvero dependiente de ellos.

Cuando esa delgada membrana del intestino está sana y conserva su estructura normal, el organismo se protege de la reabsorción de microbios y toxinas, pero cuando nos alimentamos mal, esta delicada membrana se vuelve anormalmente porosa y deja pasar bacterias y venenos.

No olvide que para mantener un organismo saludable hay que cuidar la higiene y el buen funcionamiento intestinal…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *