SALUD, ESCLAVITUD Y MALA CALIDAD

Cuando se visitan clínicas, puestos de salud, hospitales e instituciones relacionadas con la salud, un clamor se escucha y poco a poco aumenta de volumen: la inconformidad generalizada con la calidad de la atención, con una atención despersonalizada, deshumanizada, que lastima y que no se compadece con personas enfermas ni con los dolientes preocupados y nerviosos.

Es cierto que hay personal de salud cuyas relaciones humanas dejan mucho que desear, pero los problemas vienen de la legislación laboral. El gobierno, pensando más en ahorrar costos que en mejorar la calidad de la atención, decidió acabar con la contratación directa del personal. Ahora se hace mediante un tercero, un intermediario. Son las famosas cooperativas de trabajo asociado. Las entidades de salud contratan con estas cooperativas un monto global para que le suministren una cantidad dada de personal para su funcionamiento. Así contratan médicos, profesionales de

diversas especialidades, enfermeras, odontólogos, bacteriólogos, aseadoras, vigilantes, camilleros, etc. El manejo administrativo de la cooperativa se come el 45% o más del dinero pagado para contratar personal, de tal forma que el contratado recibe, en el mejor de los casos la mitad del sueldo. Si, por ejemplo, a un profesional de la medicina, no le gusta ese salario, pues no lo contratan, y punto. Se quedó sin trabajo. Y como las fuentes de trabajo son escasas, se enfrenta a la disyuntiva: se resigna a trabajar mal pagado o se muere de hambre.

Si el médico es contratado por una EPS, tiene que sufrir otros padecimientos. Tiene un tiempo determinado para examinar pacientes, lo que le obliga a atenderlos de afán, sin establecer ninguna relación de empatía ni solidaridad con ellos. Su formulación está restringida a lo que ofrece la entidad. Si necesita un medicamento extra debe justificarlo y someterlo a una “junta científica” que piensa más en ahorrar costos que en beneficiar seres humanos. Al finalizar cada mesen las EPS, un médico que abandonó su profesión y que se dedica a cuidar el dinero del patrón, me refiero al auditor, reúne a los profesionales de la salud contratados para corregir despilfarros. Hace un promedio con la cifra de exámenes de laboratorio solicitados a los enfermos por los galenos, y al médico que se exceda, lo recriminan y felicitan al que se mantenga lo más por debajo de esa cifra. Además, les recuerdan que la entidad premia a los más eficientes manteniéndolos en su nómina. Como la EPS puede destituir sin causa justificada, el personal de salud se juega su comida y la de su familia cada mes. Interventoría también le hacen a la cantidad de droga formulada y de exámenes de laboratorios pedidos, a los costos que dicha formulación implica y al número de pacientes atendidos. Un médico es considerado eficiente y mantendrá su

puestito si formula pocas drogas, si estas son baratas, si pide pocos o ningún examen de laboratorio, si no remite pacientes a especialistas, si nunca se queja y siente mucho amor y compromiso corporativo con la empresa que no le paga bien.

Esto ha obligado a mucho personal de salud a trabajar a destajo. Hacen un turno por la noche y salen corriendo para otra clínica, sin importar el trasnocho, para poder completar lo necesario para

una vida digna. Hay enfermeras que su rostro adusto es simple reflejo de la rabia de un salario de hambre, de una fatiga por un trabajo excesivo, no reconocido y mal pago. Sin embargo, pese a las adversidades, hay personal de salud amable, que atiende con alegría y diligencia, que se esmera por sus pacientes, que se estrella con la indiferencia, mal humor, falta de educación y consideración de personas que creen que porque pagan tienen derecho a humillarlos, insultarlos o a exigir preferencias.

La calidad de la atención en salud tiene que ver con aparatos sofisticados de última generación, con locaciones espaciosas, limpias y acogedoras. Pero más importante que todo eso, con personal de salud que se sienta bien pago, reconocido, tratado con dignidad y respeto, que no se vea obligado a trabajar más allá de sus posibilidades y que se le permita ejercer sin presiones ni chantajes su profesión. La salud la convirtieron en un negocio. Las EPS son las negociantes que se quedan con las ganancias del negocio. Y todo el personal de salud, resultan siendo los esclavos que son contratados por ellas para su servicio y beneficio, pero los que se llevan la mala fama de una deficiente atención….

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