EL LADRON DE LOS RECUERDOS Y PRÍNCIPE DEL OLVIDO

Los recuerdos son, quizás, lo más importante de la vida. Son la columna vertebral de nuestros conocimientos. Todo nuestro saber está nutrido por recuerdos, y ellos son los que atesoran la memoria. Pero la memoria no es sólo un asunto mental, sino que está distribuida en todo el cuerpo. El que dijo que recordar era vivir no estaba equivocado.

Parodiando la frase con la que inicia el Manifiesto Comunista, que un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo, hoy pienso que ese fantasma que recorre el mundo es el ladrón de los recuerdos. Es un enemigo silencioso, marrullero, que nos ataca sin avisar, y una vez que lo hace, parece no detenerse. Su objetivo es claro: robarnos todos los recuerdos, desocuparnos la memoria. Inicia su trabajo subrepticiamente, sin afanes, pero sin pausa. Primero se lleva los recuerdos recientes. Casi no se notan los primeros vacíos que son interpretados como pequeños olvidos, de esos que nos pasan por ser algo distraídos.

Pero el ladrón no se sacia fácilmente. Se nos mete en la memoria y la esquilma sin piedad. Y nos roba los gestos, nuestra capacidad de expresarnos y de comunicarnos adecuadamente. Nos mina la autonomía y las posibilidades de organizar nuestra vida cotidiana. También nos roba las palabras y su sentido, nos rapa el entendimiento y finalmente nos encierra en el silencio y la incomunicación. Este príncipe del olvido se nos lleva los recuerdos más lindos y preciados, y nos devuelve a la infancia, a la indefensión, a la dependencia total.

El ladrón no descansa. Se nos lleva las habilidades, primero las finas como escribir, dibujar, usar los cubiertos, abotonar las prendas, amarrarse los zapatos o cepillarse los dientes. Al final, perdemos hasta la habilidad del saludo. El ladrón nos roba el sentido de las cosas, entonces la vida se transforma en una ausencia, en una indiferencia que crece, en una ignorancia en aumento. También se roba los sentimientos, la personalidad, la conducta, la actividad y nuestra alegría. El mundo se torna como una enorme raya obscura que avanza uniformemente, zampándose de una tarascada los colores, la música y las caricias, y llenando la vida de silencios, ausencias y sobretodo de olvidos.

Este ladrón se llama mal de Alzheimer. Una enfermedad que ataca a las personas mayores de 70 años, aunque con cada vez mayor frecuencia se encuentra en personas entre 50 y 60. Es un mal terrible que va en aumento. Produce pérdida de las capacidades intelectuales y finalmente la muerte. Hasta el mismísimo sueño se convierte en parte del botín de este ladrón. No respeta ni la orientación espacial y, por lo tanto, nos hace perdernos en nuestra propia casa. Dicen los expertos que este ladrón es el alcabalero de la civilización, el que cobra sus impuestos. La acumulación de sustancias químicas en los alimentos, movida por el afán de ganar más dinero a costa de lo que sea, nos ha llenado el cuerpo de toxinas y azúcares que, poco a poco, destruyen las conexiones neuronales que retienen nuestros recuerdos. Mientras más nos alejamos de lo natural, más nos acercamos a la tierra del príncipe del olvido, y a las garras del ladrón de los recuerdos…

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